Suben las temperaturas, y de pronto ocurre algo que preocupa a muchos tutores. El perro, que normalmente espera su comida con entusiasmo, deja parte del plato.
La primera reacción suele ser pensar que algo va mal. Y aunque una disminución del apetito siempre merece observación, el calor sí puede influir en cuánto quiere comer un perro. VCA Animal Hospitals incluye las temperaturas ambientales elevadas entre las posibles causas de disminución del apetito. Eso no significa que todos los perros vayan a comer menos en verano ni que cualquier falta de apetito pueda explicarse por el calor, pero sí que es un factor que conviene tener en cuenta.
¿Por qué puede cambiar el apetito con el calor?
El apetito no depende únicamente de cuánto necesita comer un perro. También intervienen su actividad, su estado físico, su rutina, el entorno y la propia palatabilidad de la comida.
En los días más calurosos muchos perros se mueven menos, duermen más durante las horas centrales y concentran sus paseos por la mañana temprano o al final del día. Si cambia su actividad, también puede cambiar temporalmente la cantidad de energía que utiliza.
Además, las temperaturas ambientales elevadas están reconocidas en medicina veterinaria como uno de los factores capaces de reducir el apetito. Por eso no es extraño que algunos perros se acerquen al cuenco con menos entusiasmo en pleno agosto que durante los meses más frescos.
Lo importante es observar el conjunto. Un perro que come un poco menos pero sigue activo, bebe agua, mantiene su peso y se comporta con normalidad no presenta la misma situación que un perro que rechaza completamente la comida y además está apagado, vomita o tiene diarrea.
No reduzcas la ración automáticamente
Ver comida sobrante varios días puede llevarnos a hacer algo muy rápido: reducir la ración.
Pero no siempre es la decisión correcta.
Las necesidades nutricionales dependen del peso, la edad, el nivel de actividad, la condición corporal y el estado de salud del perro. WSAVA insiste en que la alimentación debe adaptarse individualmente y que la cantidad de comida debe valorarse junto con el peso y la condición corporal.
Por eso, antes de modificar de forma permanente la cantidad, observa qué está ocurriendo. ¿Está haciendo menos ejercicio? ¿Solo come menos en las horas de más calor? ¿Sigue manteniendo su peso? ¿Deja una pequeña cantidad o está rechazando prácticamente todo el alimento?
Si su rutina ha cambiado durante el verano, puede tener sentido revisar su ración. Pero la mejor referencia no es un único plato que dejó a medias, sino la evolución de su peso, su condición corporal y su actividad.
Prueba a cambiar el horario antes que la comida
Antes de asumir que el problema está en el menú, prueba algo mucho más sencillo: ofrecer la comida en las horas más frescas.
Si normalmente come al mediodía, puedes probar a desplazar esa toma hacia primera hora de la mañana o hacia la noche. Muchos perros están más activos y receptivos cuando la temperatura baja.
También es buena idea mantener horarios relativamente estables. Cambiar continuamente la hora, la cantidad y el tipo de comida hace más difícil saber qué está provocando realmente el cambio de apetito.
Y, por supuesto, el agua fresca debe estar siempre disponible. Tanto WSAVA como FEDIAF incluyen el acceso permanente a agua limpia entre las bases de una alimentación adecuada.
BARF en verano: el calor cambia también cómo debemos manipularlo
Con BARF hay otro punto especialmente importante durante el verano: la cadena de frío.
El calor no solo afecta al perro. También reduce el margen que tenemos para manipular alimentos crudos de forma segura.
Si utilizas BARF congelado, descongélalo siempre dentro de la nevera y conserva el alimento refrigerado hasta el momento de servirlo. No es buena idea dejar la ración descongelándose sobre la encimera ni mantener durante largos periodos el alimento crudo a temperatura ambiente.
El CDC recomienda que los alimentos crudos para mascotas se mantengan congelados hasta que vayan a utilizarse, que se descongelen en el frigorífico y que se desechen los restos que hayan permanecido fuera a temperatura ambiente. También recomienda lavarse bien las manos y limpiar utensilios y superficies después de manipularlos.
En verano estas medidas cobran todavía más importancia.
Sirve la cantidad que corresponda y, si tu perro no la come, no dejes el plato esperando durante horas para ver si cambia de opinión. Retíralo y sigue las instrucciones de conservación del fabricante.
¿Y si hoy come menos de lo habitual?
Primero, observa.
Un día de menor apetito aislado puede tener muchas explicaciones: calor, cambios de rutina, menos actividad, estrés o simplemente menor interés por esa comida en ese momento.
Lo importante es comprobar cómo está el perro en general.
Si sigue activo, bebe con normalidad y simplemente ha reducido ligeramente la cantidad, puedes probar a ofrecer la siguiente comida en una hora más fresca y observar su evolución.
Pero si la falta de apetito persiste, es marcada o aparece acompañada de otros síntomas, no deberíamos asumir que «es por el calor».
El verano no debería convertir su alimentación en una improvisación
En los meses de calor puede cambiar el horario de los paseos, las horas de descanso e incluso el apetito de tu perro.
Su alimentación puede adaptarse también, pero siempre con criterio.
No reduzcas la ración únicamente porque haya dejado comida un par de veces. Observa su actividad, peso y condición corporal. Prueba horarios más frescos. Mantén siempre agua disponible y presta especial atención a la conservación del BARF.
Y si quieres comprobar si la cantidad que estás ofreciendo sigue teniendo sentido según su peso, edad y nivel de actividad, puedes volver al punto de partida:
