¿Qué está comiendo realmente tu perro? Aprende a leer su comida sin ser nutricionista

Cuando llega un perro a casa —y especialmente si es un cachorro— queremos hacerlo todo bien.

Elegimos su cama, buscamos un veterinario, compramos juguetes, pensamos qué premios utilizar para enseñarle… y tarde o temprano aparece una de las decisiones que más dudas genera:

¿Qué le doy de comer?

Pienso, comida húmeda, BARF, comida cocinada… Hay muchísimas opciones y todas parecen tener argumentos para convencernos.

Además, los envases tampoco ayudan demasiado: natural, premium, con carne, grain free, receta ancestral, rico en pollo…

Pero para elegir mejor no necesitas convertirte en especialista en nutrición canina. Hay algo mucho más sencillo que puedes empezar a hacer desde hoy:

darle la vuelta al producto y entender qué estás comprando.

Y esto sirve tanto para un saco de pienso como para una lata, un menú BARF o las chuches que utilizas durante el paseo.

Primero: ¿es un alimento completo?

Esta es probablemente una de las cosas más importantes que puedes buscar.

En Europa, la legislación diferencia entre alimentos completos y alimentos complementarios. Un alimento completo está formulado para ser suficiente como ración diaria según el uso para el que está destinado. Un alimento complementario necesita combinarse con otros alimentos para cubrir la ración diaria.

¿Por qué importa?

Porque dos productos pueden tener ingredientes que nos parecen estupendos y, sin embargo, estar diseñados para funciones completamente diferentes.

Una chuche de carne deshidratada, por ejemplo, puede ser perfectamente válida como premio aunque no sea un alimento completo.

Y lo mismo debemos comprobar cuando compramos BARF.

Que un producto sea BARF no significa automáticamente que sea nutricionalmente completo.

Puede tratarse de un menú formulado para constituir la alimentación del perro o de un producto complementario que necesite combinarse con otros alimentos.

Por eso hay que leer la etiqueta, también cuando elegimos alimentación natural.

Si tienes un cachorro, presta todavía más atención

Un cachorro no es simplemente un perro adulto pequeño.

Está construyendo huesos, músculos y tejidos mientras crece, y sus necesidades nutricionales son diferentes a las de un adulto. Las guías nutricionales de FEDIAF establecen recomendaciones específicas para crecimiento y reproducción, además de las correspondientes al mantenimiento de perros adultos.

Por eso, si acabas de incorporar un cachorro a la familia, no basta con encontrar una comida cuyos ingredientes te gusten.

Comprueba también para qué etapa de vida está formulada y cuáles son las indicaciones del fabricante.

Este punto es especialmente importante con dietas caseras o BARF improvisado. Poner en un plato carne, vísceras, vegetales y huesos no garantiza por sí mismo que las proporciones de energía, calcio, fósforo, vitaminas y demás nutrientes sean adecuadas para un animal en crecimiento.

Después, mira la composición

Ahora llegamos a la parte que todos reconocemos.

Ingredientes.

O, más concretamente en alimentación animal:

Composición.

Aquí empieza una costumbre que merece la pena adquirir:

No mires solamente qué promete el frontal. Mira qué contiene realmente.

Si un alimento destaca pollo, pavo, ternera o cerdo, busca esa proteína en la composición.

Mira también si puedes identificar claramente los demás ingredientes.

Por ejemplo, en uno de nuestros menús BARF Optimist de cerdo puedes leer:

Cerdo Ibérico 51 %
Costillas flotantes de cerdo 21 %
Asadura de cerdo 10 %
Manzana 6 %
Acelgas 6 %
Zanahoria 6 %

No necesitas saber nutrición para comprender qué contiene.

Y esa es precisamente una de las ventajas de una etiqueta detallada: te permite tomar decisiones con información, no solamente con publicidad.

Eso puede resultar todavía más importante si necesitas identificar qué proteínas está consumiendo tu perro.

¿Entonces cuantos más porcentajes de carne, mejor?

No necesariamente y aquí conviene no caer en otra trampa.

Un porcentaje alto de un ingrediente no demuestra por sí solo que una dieta esté equilibrada.

La composición nos dice qué contiene el producto, después tenemos que valorar para qué está formulado y su información nutricional.

Por eso no queremos sustituir:

“Premium = bueno”

por:

“Muchísima carne = bueno”.

La nutrición es más compleja que cualquiera de esas dos frases.

¿Qué son proteína, grasa, fibra y cenizas?

Debajo de la composición encontrarás normalmente otro apartado:

Componentes analíticos.

Aquí aparecen valores como proteína bruta, grasa bruta, fibra bruta, cenizas y, según el alimento, humedad. No hace falta obsesionarse con cada cifra, pero sí entender qué estás mirando.

La proteína y la grasa, por ejemplo, nos aportan información sobre la composición nutricional del alimento.

Y una curiosidad importante:

las “cenizas” no significan que tu perro esté comiendo ceniza. 😅

Es una forma de expresar analíticamente el contenido mineral del alimento.

Hay además otra razón por la que no conviene comparar porcentajes a simple vista: la cantidad de agua cambia muchísimo entre alimentos.

Una comida húmeda, un BARF y un pienso seco pueden tener porcentajes de proteína aparentemente muy diferentes simplemente porque contienen cantidades de humedad distintas.

Por eso un “30 % de proteína” no es automáticamente mejor que un “15 %” si estamos comparando alimentos con niveles de humedad muy diferentes.

Y sí: dale también la vuelta a las chuches

Con un cachorro probablemente acabarás utilizando bastantes premios.

Aprender su nombre.

Sentarse.

Esperar.

Venir cuando lo llamas.

No comerse esa zapatilla que acaba de descubrir. 😅

Y premio.

Los snacks pueden ser una herramienta fantástica, pero también forman parte de lo que tu perro consume.

Así que aplica exactamente la misma filosofía.

Dale la vuelta al paquete.

¿Sabes qué contiene?

¿La proteína está identificada?

¿Es un alimento completo o complementario?

¿Cuánta cantidad recomienda el fabricante?

Una chuche no necesita ser un alimento completo para ser una buena chuche. Lo importante es entender qué función cumple dentro de su alimentación.

No necesitas saber nutrición. Necesitas saber qué preguntas hacer

La próxima vez que compres comida para tu perro; sea BARF, pienso, húmeda, cocinada o un paquete de premios, puedes hacer una comprobación muy sencilla:

¿Para qué etapa de vida está formulada?

¿Es completa o complementaria?

¿Entiendo qué ingredientes contiene?

¿Puedo identificar las proteínas que está comiendo?

¿Estoy siguiendo la cantidad recomendada?

Cinco preguntas. Nada más.

Porque alimentar mejor a tu perro no empieza necesariamente escogiendo un formato determinado.

Empieza por entender qué estás poniendo en su plato.

Y si acabas de darle la bienvenida a un cachorro, probablemente sea una de las mejores costumbres que puedes adquirir desde el primer día.

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